Trueno

Soy un trueno que no tiene rayo. Que ruge furioso, que se defiende, que amenaza con romper el techo de tu casa. ¿De dónde vengo? Nunca, nadie me lo dijo. «Eres un trueno sin rayo —y mi padre se reía— un síntoma sin enfermedad, eso eres, hijo mío». Me manifiesto. Igual que lo haces tú en las calles. ¿Acaso tú tienes un motivo? Creo que sí. Un derecho por el que luchar, un principio que defender. ¿Tu dignidad? Yo, en cambio, solo soy ruido. No sé de dónde vengo y mi padre está ocupado. ¿Es él mi rayo? ¿El rayo que me precede? No dice nada y sigue mirando el televisor. Tú cubres tu cabeza con tus manos a la que me oyes, él no puede escucharme. También tiene un trueno muy grande en su cabeza que no le deja atender, cuidar de los demás. Creo que su trueno tampoco tiene rayo. En realidad, somos dos indicios de nada. La única diferencia entre él y yo, es que yo sí sé que soy un trueno sin rayo.

Y no pararé hasta encontrarlo.

(Imagen: Maxim Grigoriev)

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Graduado en Biología por la Universidad de Navarra, máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental, colabora en varios medios de comunicación con artículos de opinión y ciencia y lleva la dirección de Next Door Publishers, editorial dedicada a la divulgación de la ciencia. Además, dirige la Fundación María Aranzadi, una entidad que trabaja para dar apoyo a familiares y pacientes adictos y para la difusión de información sobre el trastorno de adicción, con el objetivo de eliminar el estigma asociado a ella.

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