Quizá simplemente estés en la ducha. Es posible que hables con tu madre por teléfono, o que le estés haciendo el amor a la persona que amas. No pasa nada, nunca pasa nada si tardas en contestar. No es grave. Ni siquiera el tono es importante en el caso de que contestes. Yo puedo pensar que estás enfadada, triste o cansada, y es solo eso. No pasa de ahí y no moriré por ello. Incluso si no usas esos emoticonos, tampoco entonces ocurre algo malo. Yo sigo existiendo aunque crea que no me ves. Y sé que me ves, sé que no dejas de hacerlo, pero si no me dices cada día lo mucho que me quieres, creo desaparecer. Me esfumo del mundo. Porque creo que no Soy si no Soy para ti. Los pensamientos se disparan entonces, bajan hasta mi estómago y apuntan de forma indiscriminada: «No piensa en ti, ya te está olvidando, has sido un gilipollas, has dicho algo que la ha herido, has estropeado cosas en su vida, sabe que no eres una buena persona, nunca te querrá como quiere a los demás, no vales nada…». Uno a uno, cada pensamiento, se clava en mi interior hasta que me hace gritar enloquecido. Y cuando la angustia, el miedo y la soledad me han reventado el corazón, entonces, sin escrúpulos, te manipulo. Para al final suplicarte desesperado y humillado. Me convierto en alguien a quien conocí de niño. Soy un monstruo hambriento de amor y exijo de forma implacable. Hay veces que creo que así me hago visible de nuevo. Que me hago real. Y entonces vuelvo a descansar, sin ser consciente de la devastación que dejo a mi paso. Solo me calmo y sigo sin mirar atrás.

Y la cosa es que justo ahora descubro un enorme agujero en mi pecho. Un agujero con un hambre insaciable, incapaz de colmarse de amor, aunque mueran en el intento. Un vacío profundo y muy negro, que huele a abandono y que se formó cuando yo era muy pequeño y no sabía que para existir tienes que ser visto. Así que me he sentado en uno de sus bordes para explicarle que ni tú ni nadie va a poder llenarlo. Que abandone la seducción, la manipulación, el enfado y la súplica. Y que descanse por fin. Que a partir de ahora seré yo el que lo colme, que ya no dependeremos de nadie.

Imagen: Regine Petersen

 

 

 

 

 

 

Graduado en Biología por la Universidad de Navarra, máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental, es editor en Next Door Publishers, editorial dedicada a la divulgación de la ciencia.

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