Quizá simplemente estés en la ducha o abrazando algún pequeño árbol en el parque. Es posible que hables con tu madre por teléfono, o que le estés haciendo el amor a la persona que amas. No pasa nada, nunca pasa nada si tardas en contestar. No es grave, solo es. Ni siquiera el tono es importante en el caso de que contestes. Yo puedo pensar que estás enfadada, triste o cansada, y es solo eso. No pasa de ahí y no moriré por ello. Incluso si no usas los emoticonos que tanto me gustan, tampoco entonces ocurre algo malo. Yo sigo existiendo aunque crea que no me ves. Y sé que me ves, sé que no dejas de hacerlo, pero si no me dices tres veces lo mucho que me quieres, yo creo que desaparezco. Me esfumo del mundo. Muero aunque siga aquí. Porque creo que no Soy si no Soy para ti. Los pensamientos se disparan entonces, bajan hasta mi estómago y apuntan de forma indiscriminada: «No piensa en ti, ya te está olvidando, has sido malo, has dicho algo que la ha herido, has estropeado cosas en su vida, sabe que no eres una buena persona, nunca te querrá como quiere a los demás, no vales nada…». Uno a uno, cada pensamiento, se clava en mi interior hasta que me hace gritar enloquecido. Y cuando ya he perdido toda la sangre, cuando la angustia, el miedo y la soledad me han reventado el corazón, activo la seducción, te manipulo, me enfado y, finalmente, suplico desesperado y humillado. Me convierto en alguien a quien conocí de niño. Soy un monstruo hambriento de amor y mastico de forma aleatoria, me da igual quien esté en mi camino. Incluso si eres tú. Hay veces que creo que así me hago visible de nuevo. Que me hago real. Que Soy otra vez, y entonces vuelvo a descansar. Sin ser consciente de la devastación que dejo a mi paso. Solo me calmo y sigo sin mirar atrás.

Hasta ahora.

Hasta que he descubierto un enorme agujero en mi pecho, junto a mi corazón. Un agujero con un hambre insaciable, incapaz de colmarse de tu amor, aunque mueras en el intento. Un vacío profundo y muy negro, que huele a abandono chamuscado, y que se formó cuando yo era muy pequeño y no sabía que para existir tienes que ser visto. Y el agujero quiere ser visto. Quiere que no dejes de mirarlo. Así que me he sentado entre el corazón y uno de sus bordes, para explicarle que ni tú ni nadie va a poder llenarlo. Que abandone la seducción, la manipulación, el enfado y la súplica. Y que descanse por fin. Que a partir de ahora seré yo el que lo cuide, el que lo acaricie, el que lo mire y, sobre todo, el que lo vea durante cada instante. A partir de ahora seré yo el que lo Ame.

Cuento contigo y con aquellos a los que tanto les pido.
Esta vez lo haré de forma consciente y con cuidado.

 

 

 

 

 

(Imagen: Regine Petersen)

Anuncios

Graduado en Biología por la Universidad de Navarra, máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental, colabora en varios medios de comunicación con artículos de opinión y ciencia y lleva la dirección de Next Door Publishers, editorial dedicada a la divulgación de la ciencia. Además, dirige la Fundación María Aranzadi, una entidad que trabaja para dar apoyo a familiares y pacientes adictos y para la difusión de información sobre el trastorno de adicción, con el objetivo de eliminar el estigma asociado a ella.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: