Ayer me topé en un bar con un personaje curioso. No tanto por su aspecto que no se diferenciaba del de cualquiera de nosotros, sino más bien por lo que hacía. No paraba de mirar el suelo del bar. Estábamos en Pamplona y no sé si sabéis que en el norte es costumbre —fea, lo sé– tirar todo al suelo. No importa si es un trozo de pan, restos de chistorra o cientos de servilletas usadas y hechas un gurruño. A mí esa tradición me produce cierto asco, la verdad. Tener que comerme mi pincho mientras siento cosas pegajosas bajo la suela de mis zapatos, me repugna. Al señor, cuya historia pretendo contar, no le producía el más mínimo reparo. Es más, estaba de rodillas, revolviendo entre todas esas basurillas como buscando una piedra preciosa.

–¿Qué hace? –pregunté con curiosidad.

–Busco mis migas –contestó.

Busqué una mesa y apoyé mi cubata mientras seguía observándole. Él me ignoraba y, como yo seguía sin entender, decidí volver al ataque:

–¿Acaso sus migas son distintas a las demás? –le dije con cierto tono socarrón.

–Pues claro, joder. Son las migas que me llevarán de vuelta a casa –bramó ignorándome.

Estaba claro que no iba a poder sacarle una explicación razonable así que me dirigí al camarero. 

–Se trata de Pulgarcito –me dijo sonriente el tipo–, resulta que todavía no ha encontrado el camino de vuelta a casa.

Y se quedó tan ancho. Pobre hombre —pensé yo— debe de llevar una eternidad buscando las malditas migas de pan. Quizá deba decirle que se las comieron los pájaros. O quizá no, quizá mejor le digo que vaya a un psicólogo para que le enseñe a vivir en su nuevo hogar. Aunque… puede que piense que no es tan malo eso de estar vagabundeando por los bares buscando su camino. Mejor me callo.

Además ¿quién soy yo para incitarle al cambio? Al fin y al cabo ¿dónde carajo está mi casa? ¿Qué ha sido de mi camino? ¿En qué momento se torció? ¿Y mis jodidas migas? ¿Se las comieron los pájaros? o ¿fui yo en uno de esos síndromes de abstinencia?

Sí, mejor me callo.

–¿Me pones un chorrito más de whisky? Este cubata está de lo más soso –le recriminé al camarero.

—Oye, ¿y por qué se tuvo que hacer tan famoso Peter Pan? —seguí, erre que erre, pidiéndole respuestas—. ¿No está más de moda el síndrome de este tipo? ¿El de Pulgarcito? Al fin y al cabo, todos hemos perdido el norte, ¿no es cierto?

El camarero me miró, me ofreció un cigarrillo y añadió (el muy cabrón): está prohibido fumar aquí, mejor te vas fuera. Si sigues recto, cruzas dos manzanas y giras a la derecha, verás un neón rojo, puede que allí des con una vendedora de migas. Ella sabrá qué hacer contigo.

Nicolas Cage interpreta a Ben Sanderson en las película ‘Leaving Las Vegas’

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Grado en Biología por la Universidad de Navarra, máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental, colabora en varios medios de comunicación con artículos de opinión y ciencia y lleva la dirección de Next Door Publishers, editorial dedicada a la divulgación de la ciencia. Además, dirige la Fundación María Aranzadi, una entidad que trabaja para dar apoyo a familiares y pacientes adictos y para la difusión de información sobre el trastorno de adicción, con el objetivo de eliminar el estigma asociado a ella.

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